Suben, bajan. Cargan, descargan. Suman, restan. Caminan, corren. Hablan, gritan. Madrugan, trasnochan. Hacen todo lo que sea necesario para que el engranaje social siga girando. Porque se saben parte del cambio, porque sueñan con paraísos de inclusión y justicia social, y porque creen que la mejor manera de marcar una diferencia es entregando su cuerpo, alma y mente a esa ONG de la cual tanto se sienten parte.

Así viven los dos de cada diez argentinos que según la encuesta de Voices! declararon ser voluntarios en el país en 2013. Es que no estamos hablando de una colaboración esporádica, sino de personas que dedican un promedio de 8 horas semanales a esta actividad que en muchos casos, consideran su actividad más importante.

Porque hoy en día, los voluntarios forman parte del día a día de las organizaciones sociales. Son abogados, contadores, responsables de prensa, encargados de la recaudación de fondos o integrantes del consejo de administración.

De hecho, según el Indice CIVICUS de la Sociedad Civil Argentina publicado en 2011, el 82% del personal de una organización social está compuesto por voluntarios y sólo el 18% es rentado. Este dato pone en evidencia la gran fuerza de recursos humanos puestos al servicio del bien común en nuestro país y una realidad que no se puede desconocer: las ONG no podrían respirar ni funcionar sin sus voluntarios. Porque si bien hay algunos que sólo participan de alguna movida social, existen muchos otros que se comprometen a largo plazo con la ONG y forman parte de su estructura cotidiana, asumiendo cargos y funciones, aportando desde sus conocimientos y experiencia profesional.